En la ciudadela de Alamut, un inexpugnable nido de águilas
en las montañas del norte de Persia, Hassan Ibn Saba se dispone a derribar el
imperio otomano con apenas un puñado de guerreros de la secta de los hashashins
(término que dio origen a la palabra asesino). Utiliza para ello un método tan
inhumano como infalible: la ilusión del paraíso. Embriagados de vino y hachís,
en la creencia de que han sido premiados con una visita al jardín de Alá, los
jóvenes guerreros pierden el miedo a la muerte.

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